Descripción

Lugar del municipio de Ribera Alta, Álava-Araba, situado cerca de la margen derecha del río Bayas y a media ladera (Su altitud es de 601 metros..) de un cerro de 884 m. a los 42° 47′ y 0° 46′ 10″. Relieve accidentado cortado transversalmente por el Bayas que desemboca, algo más adelante en el Ebro. Limita al N. con Pobes y Paúl, al S. con San Miguel, al E. con Mimbredo y Hereña y al O. con Arreo.El pequeño caserío se ubica en una limitada terraza en arco separando las tierras de labor que se van descolgando y el monte bajo que trepa por los declives de la cota Sus unidades aparecen exentas con complejas construcciones debido al asentamiento. La iglesia tienen por titular a San Martín. Es de planta rectangular a la que se han sumado dos capillas laterales. El muro a los pies del templo se eleva configurándose la tradicional espadaña con 3 huecos, en la base se apuesta un gran arco, hoy cegado de acceso al pórtico. La portada tiene arco de medio punto portador en su dovela de una ornamentada cartela.Todo el conjunto se halla amparado por una sobresaliente repisa en cuyos extremos aparecen las respectivas ménsulas rematadas por pirámides y apuntado frontón con sugestivo florón en el centro. Fuera del arco que constituye la trama urbana de Caicedo-Sopeña y a nivel superior se encuentra la tripleta de servicio público.El olvidado paraje sobre el que se asienta dibuja un espacio en el que descubrimos la espléndida fuente de índole medieval con un plano frontispicio en el que se abre una ventana que da paso al aljibe, horadado bajo tierra y sostenido por sólido techo abovedado con aparejo de pequeños sillares.

Celebra sus fiestas patronales el último fin de semana de Agosto

 

Historia

En el s. XIX era un lugar de señorío de la hermandad de la Ribera. Se cree que este lugar es el mismo que en el fuero de Miranda se cita con el nombre de Caicedo de Suso. Por un privilegio real dado el año 1338, por el rey Alfonso XI, se sabe que «Ribaguda, Ribavellosa, Quintanilla, Melledes, Carasta, Moliniella, Caicedo de Suso y Caicedo de Yuso» no formaban hermandad, y como dichos pueblos fuesen molestados por hijosdalgos y caballeros que querían ejercer señorío sobre ellos, cometiendo, además, graves atropellos, se quejaron al rey, quien les mandó unirse a la villa de Miranda para que ésta les auxiliase y ordenaba: «que sea guardado a los hijosdalgo de dichas aldeas el privilegio e las libertades que nos dimos al tiempo que cobramos el señorío de Alava».

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